Seleccionar página

Permíteme comenzar con una pregunta. ¿Te has puesto a pensar alguna vez si hay algo de ti o de tu vida que no quieras ver? Me refiero a algo que sabes que debes atender pero por alguna razón aún no lo haces. Tal vez lo ignoras, lo dejas de lado o incluso finges que no existe y simplemente prefieres cargar con ese asunto hasta que llegue el momento de atenderlo. ¿Pero te has puesto a pensar que tal vez ese momento ideal para atenderlo nunca llegue? ¿Hasta cuando piensas cargar con ese pendiente?

Uno de los caminos para resolver ese asunto es no atenderlo o enfrentarlo como está, como es o como lo vemos o como creemos que es. Me refiero a que podemos hacernos cargo muchas cosas cambiando la forma de verlas. Déjame contarte algo que me pasó a mí. Hace muchos años atrás yo fumaba. Comencé con ese vicio desde muy chico. El tiempo fue pasando y yo fui dándole cada vez más poder al cigarrillo sobre mí. Llegué a fumar en cualquier lugar y a cualquier hora. Después de comer, a media mañana, antes y después de jugar pelota, en el auto, en la oficina e incluso al despertar. Mi cuota llegó a variar entre diez y quince cigarrillos al día, eso era una monstruosidad de nicotina y humo que ingería cada 24 horas. Dejé de fumar varias veces por tiempos largos y también cortos , pero volvía a caer en el vicio tarde o temprano. Dentro de mí yo sabía que eso estaba mal y que en algún momento tenía que dejarlo. Cuando nació mi hijo dejé de fumar por un buen tiempo, pero luego volví a recaer.

Confieso que interiormente me sentía derrotado y estaba casi resignado a seguir fumando, pero no quería verlo, decía yo lo dejo cuando quiero. Pero en verdad no podía dejarlo y decir lo dejo cuando quiero, era mi manera de no verlo, de ignorarlo, de no hacerme cargo. Hasta que un día, no sé cómo ni porqué mi forma de ver al cigarrillo cambió. Investigué y entendí que cada pucho que fumaba acerba el día mi muerte más hacia el presente. Entonces lo que era igual a pasar menos tiempo con mis hijos. La idea me hizo sentir frío. Desde ese momento comencé a ver al cigarrillo con un veneno y cada vez que encendía uno, sentía literalmente que me envenenaba desde la primera pitada. Claro que eso es lo que en verdad sucede, parece lógico pero yo no lo había visto así. Me preguntaba ¿por qué me estoy envenenado? ¿Me quiero morir antes? ¿Por qué quiero morirme antes? Esa reflexión me hizo apreciar más el estar vivo, me ayudó a ser más consciente de que en verdad quería vivir. Entonces el cigarrillo pasó de ser algo que me ganaba a algo que me envenenaba, que me iba matando poquito a poquito. Y gracias a ese cambio de óptica pude dejarlo. Llevo casi 20 años sin fumar y no habrá nada que me haga volver al él, porque ahora lo veo de la manera correcta. Comprendí que yo no fumaba cigarrillos, sino que eran ellos los que estaban fumándose mis años futuros.

¿Hubiese podido dejarlo a pura fuerza de voluntad? Creo que sí, pero estoy seguro que crear una forma diferente de verlo me llevó a ganarle más rápido, me permitió quitarle el poder que le había dado durante tantos años logrando al fin liberarme de él.

Ahora permíteme terminar esta historia con otra pregunta ¿te gustaría aprender a mirar eso que aún no has enfrentado de una manera diferente? 

Espero que tengas un buen día, gracias por leer.

 

Joe Gusukuma – Director de Facilitación.